¿Por qué me gusta tener imanes?

Durante años, más por orgullo que otra cosa, me resistí a viajar. No estaba bien que me diera ese tipo de gustos. Ni por vacaciones. Hasta que un día todo por lo que estuve luchando en esa época se fue a la mierda en 5 minutos y rápidamente fui a perderme un rato en algún lugar más allá de la zona de confort, buscando sanar. Bolivia. Y de las cosas que traje, hace unos 7 años, lo único que sobrevive es un imancito en mi refri (nevera, frigidaire): una hoja de coca verdadera, ataviada con una mini franja con los colores patrios.

Hoy tenemos unos 30+ imanes, algunos regalados por amigos y el resto adquiridos por nosotros, en plan pareja o cuando éramos solos y los coleccionábamos por nuestro lado (aunque bajo esta modalidad yo aporté solamente el imán boliviano, @tamisancy comenzó en esto un poco antes que yo). Parques o edificios tradicionales, por supuesto, pero también animales, medios de transporte y comidas tradicionales, esos son algunos de nuestros leitmotivs principales, en esto y en todo. Algunos comprados en la calle por 3 chauchas, y otros en tienditas de disheño por un poco más. Y si vuelvo a estar en otra parte, trato de llevarme algo para el refri.

¿Y por qué? No para recordar, sino para volver a ir. O para mantener la esperanza de volver. Puede ser, como no ser, y lo más probable, como un 99%, es que no sea, pero tienes una meta por delante, algo que te motive a vivir, como en todo. Es la gracia que veo en estas figuritas multicolores. Y si, por ejemplo, te regalan algo de una parte donde nunca fuiste, pues de repente tu próxima aventura puede ser allá. (Sigues estando en mi lista, Colombia).

Cuando veo la hoja de coca quiero volver y pasar de nuevo por algunos lugares, comer algunas cosas que antes no pude probar, por gallina o por andar sin plata, o las dos, y pasar aventuras parecidas otra vez, al menos las más divertidas (casi irme por un barranco en las Pozas del Vagante, en Coroico, provincia del Nor Yungas, no es una de ellas). Conocer partes donde no fui. Observar qué ha cambiado y qué sigue igual. Mostrarle a Tamara lo que más me gustó. Ver cómo me fui transformando entre esa vez y ahora. Esta vez traería un imán de wiphala.

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